domingo, 29 de agosto de 2010
Aprovecho ahora que me viene la inspiración para hablar de esa unión que se da año tras año; es llegar septiembre y, antes de las clases, ya nos enganchamos a la radio. Ayer me resultó curioso, cuando volvía de compras, pasar por un parque y encontrarme a un abuelo sentado y escuchando una radio que llevaba en la mano. Hace cinco minutos, por la calle a escasos 5 metros de mi "centro de operaciones" acaba de pasar otra persona con la radio en la mano. Y eso ya no es casualidad, al menos, a mi parecer.

El motivo de que vuelva la radio a las manos de la gente, en especial hombres, es sin duda alguna el fútbol. La Liga, que por motivos de patrocinio se llama "Liga BBVA", marca el inicio de casi todo en nuestra sociedad. Salvo de las vacaciones y de pocas cosas más. Las clases, el trabajo, la vuelta a los anocheceres anteriores a las 9 y media, las ciudades más llenas de gente, el ajetreo...

Sin embargo, prefiero quedarme con ese aroma a infancia que los abuelos retoman yendo al parque, ya no a jugar, sino a escuchar el fútbol (pudiéndolo ver en un bar, pero ellos son nostálgicos y tiran de transistor, como cuando eran jóvenes y tener televisión era un privilegio que pocos se podían permitir). Los veranos, cuando eramos pequeños, bajando al parque, con nuestros amigos del parque a los que solo veíamos en verano (en mi barrio hay muchos colegios, eso ayuda). Jugando al fútbol y utilizando cualqueir cosa para porterías. ¡Ah, que no se me olvide! Los lunes a las diez el parque se quedaba vacio... no sé qué tendría Ramón García pero nadie se perdía el Grand Prix.

Hasta que llegaban los señores de los transistores y las clases... y sin darnos cuenta crecimos. Pero los transistores se mantienen, y a veces, te llevan a la infancia.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Acabo de leer un breve relato en la edición on-line del periódico El País que me ha hecho mucha gracia pero que refleja el comportamiento de parte de nuestra sociedad:

Hola, me llamo María de las Virtudes, Mavi para los amigos, y soy politoxicómana. Sí, aquí donde me ves. Con este fachón. Y este currículo. Y este cargazo. Todo empezó con las cervicales. Me hice una contractura en el pádel, me dieron un relajante muscular y vi el cielo abierto. Bueno, vi el cielo a secas. Hacía mucho que no lo veía. Ni nublado ni con sol. Cuando entro a trabajar no ha salido, y cuando salgo ya se ha puesto. Eso sigue igual. Está la cosa como para cambiar de curro. Pero ahora la que se pone soy yo. Hasta arriba. De todo.

No puedo con mi cuerpo. El trabajo, la casa, los críos, las patas de gallo, el código de barras, la vida. Lo mío no es estrés, es tres millones. Otras apechugan, vale. Pero la carne es débil. Y la mía más. Díselo a mis rodillas, que van con visera. O a mis brazos, lo que queda de ellos. Menos mal que tengo coche oficial. Ya no puedo ni parar taxis. Agito el húmero y hay un maremoto en Sidney. Por el efecto mariposa, o algo así. Me lo soltó ayer el capullo de mi ex. Claro, su flacidez no está a la vista. Se la tapa la barriga. Ese sí que le da a la pildorita azul y yo no digo nada.

No se puede ir a pelo por la vida. Cada una tiene sus recursos. Mi amiga Elena se pone de Amiplim. "Me tomo mi pastillita por la mañana y luego, pase lo que pase, a mí, plim", dice. Yo me meto lo que pillo. Lorazepam, paracetamol, ibuprofeno, cafeína, flores de bach, lo que va saliendo. Todo legal, no vayas a pensar. La contractura se me quitó rápido, pero la losa, no. Todas tenemos una. Se lo dije a mi vecina, que es médica de familia, y se hizo cargo. Ella también se automedica. Está harta de prescribir pastillas en su consulta, así que me evita el viaje. Yo le hago la declaración de la renta, ella me firma las recetas, y aquí paz y después gloria.

Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Mira las reinas de las mañanas.Para mí que se pinchan. Desaparecen en verano y vuelven en otoño con más cara que espalda. Hinchadas como peponas. Seguro que le dan al ácido. Hialaurónico. Ese sí que engancha. Más que el otro. Si no repites dosis a su debido tiempo, no es que te dé el bajón. Se te caen los palos del sombrajo. Y tu cara bonita. A plomo.

El sábado leí en el periódico que Elena Salgado duerme como un bebé y no ha tomado una pastilla en su vida. Con la que tiene encima, la pobre. Dice que es por el yoga. Lo que yo te diga. Las de esa generación están hechas de otra pasta. Les costó tanto conseguir la píldora que con esa han tenido bastante. Y no se dopan. Así ha llegado a vicepresidenta. Yo de dopamina me salgo. Pero de directora general no paso.

LUZ SÁNCHEZ-MELLADO 24/08/2010


Y aquí dejo la fuente, que me parece de mal gusto no mostrar el origen del texto: http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/Pastillera/legal/elpepirdv/20100824elpepirdv_7/Tes
viernes, 20 de agosto de 2010
Bueno, primera entrada en este Blog, así que vamos a estrenarlo como es debido. Nada de texto vacío, pues con eso se hace huir al lector que amablemente pierde unos minutos leyendo lo escrito.

El tema del que vamos a hablar hoy es el de los tópicos. Y es que hoy he visto por enésima vez un vídeo en el que muestra dos en tres minutos. Es fácil juntarlos porque ambos giran en torno a la inteligencia y el conocimiento general.



Lo primero, un programa que a mi, personalmente, no me gustaba, porque en España se las daban demasiado de listillos, pero cae gracioso al verlo en otro idioma, y más si es en inglés y todavía mejor si es en su versión estadounidense (que no norteamericana, pero ese es otro tema del que se podría hablar). El caso, de un plumazo muestra los tópicos de la inteligencia de las rubias y el conocimiento estadounidense de todo lo relacionado con fuera de los EE.UU.

Peeeero, sin duda, lo más gracioso ya no es que no sepa esta chica que Europa es un continente (¡ojo! no Continentes de los que se llaman ahora Carrefour) y no sepa de qué país es capital Budapest... sino los problemas que da que dos palabras se pronuncien o sean iguales y tengan sentidos distintos. No contrarios, sino distintos. Porque vamos a ver, en nuestro perfecto inglés de Hardvare "Turkey" es Turquía, donde España intentará ganar el mundial de baloncesto, pero "turkey", pronunciado igual pero en minúscula todo, es "pavo". Que siempre me hizo gracia.
Sin embargo, nunca imaginé que se pudiese confundir Hungría con hambre. Principalmente porque "Hungary" yo lo pronunciaba incluyendo a la "a", así diferenciándolo de "hungry"; lo cual me lleva a decir que esto de las pronunciaciones sin reglas fonéticas o reglas que permiten que dos grafías distintas suenen igual (véase la "v" y la "b" españolas o la "eau" y la "o" francesas) dificultan el aprendizaje de una lengua y deberían alejar del rango de "idioma universal" a aquellas lenguas que caigan en este saco.

Por ello aprovecho a remarcar la importancia que tendría el esperanto en las relaciones mundiales, puesto que es una lengua no oficial en ningún país, por tanto contaría con una neutralidad de la que no dispone ningún otro idioma, y puesto que es una lengua en la que cada grafía corresponde única y exclusivamente a un fonema. Así que, por último, cabe decir que hay un tópico que habría que abolir. Y es el que dice que "el Esperanto no sirve para nada".

Sin más, nos vemos en la próxima ida mental que escriba.

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